jueves, 29 de diciembre de 2011

El Tren




Abrió los ojos pero no vio nada. Se preguntó dónde estaba. No lo recordó. Tenía frío, sintió el vello erizado, su piel se sublevó bajo la áspera tela que le cubría. Una lágrima se deslizó hasta el oído y notó su calor. Navegó en la penumbra de sus pensamientos. Trató de recordar, no fue capaz de saber dónde se dirigía: una conferencia, al bufete, la facultad, un desahucio... Quizás por el contrario era tarde y se disponía a disfrutar del exquisito pato asado que Esther cocinaba expresamente para él. Entró en la sala, colocó sus cosas sobre la mesa, la agenda, sus notas, su doctrina. Midió la distancia entre los objetos y sonrió satisfecho. Por fin recordó algo, el tren, subió al tren en Alcalá. En unos días la primavera habría ganado el pulso al invierno y el calor confortaría su piel. Tenía frío y no pudo abrir los ojos.

LuisCar

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