domingo, 22 de abril de 2012

Atrapados

Intentaron abrir la puerta. Primero tiraron del pomo con fuerza, después de forma desesperada y por último con extrema violencia, pero no cedió. Los móviles comenzaron a encender sus pantallas, a reproducir sonidos interpretando una melodía dodecafónica imposible de comprender.
            Se escucharon los gritos desde el interior. A continuación la luz se apagó por completo a la vez que una fuerte explosión retumbó en la planta inferior. Se levantaron  atropelladamente en dirección a la puerta, tanto con la intención de salir, como con la de saber qué había provocado la deflagración. Tropezaron con las mesas y con las sillas que cayeron provocando un gran estruendo al chocar contra el suelo. Después del momento inicial, el ruido fue apagándose poco a poco hasta hacerse el silencio. La temperatura se elevó de forma repentina y comenzaron a sudar. Hicieron un nuevo intento para salir sin conseguirlo. La puerta permaneció infranqueable pero un humo denso y corrosivo fue entrando bajo la puerta.
            Comenzaron a sentir la garganta ardiente y los ojos llorosos mientras las lagrimas caían en dirección a la moqueta. Poco a poco fueron cayendo, uno tras otro, entre las convulsiones producidas por la tos y la falta de oxígeno.  Perdidos y abandonados de sí mismos, sintieron una nueva explosión; la sala se ilumino con el estallido y... estaban allí, los vieron por primera vez. En una esquina de la sala, enfrentados unos a otros, unos seres alados, trasparentes, de apariencia humana, jugaban de forma indolente con unos dados en un tablero. Las fichas se movían solas, se trasladaban de una casilla a otra automáticamente tras la tirada. El juego debió llegar al final cuando el rostro de uno de ellos representó la derrota mientras el grupo restante iniciaba su camino hacia el grupo para tomar lo ganado. Fue entonces cuando ocurrió, la puerta se abrió y entraron unos seres uniformados con escafandra y armados con hachas que atacaron a los seres alados mientras éstos se desvanecían dejando tras de sí el tablero y los dados.
            Aún hoy pueden contemplarse las inscripciones a ambos lados del tablero en el museo local: Uriel y Azrael

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